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Casa de la Cultura, Quito, 13 de junio 2006
Hermanas y hermanos de Ecuador, para mi una gran sorpresa, pero también una gran alegría de estar con ustedes acá esta noche. Y de recibir tantos regalos. Es como un matrimonio. En Bolivia solo por el matrimonio se recibe tantos regalos. Me quedé sorprendido, hermanas y hermanos, de tanto cariño de este recibimiento.
Quiero decir que soy parte de ustedes. Juntos luchamos desde nuestras regiones. Soy de la sangre de ustedes. Juntos nos seguimos para entender esta situación económica y cultural de nuestros pueblos. Mis primeros recuerdos de los encuentros del movimiento son del 1991, en un encuentro en Guatemala. Cuando fui delegado allátodavía no podía entender el movimiento indígena de América. Me sorprendía de tantas organizaciones indígenas y campesinas del continente. Todavía no podía entender porque se llamaba “500 años de resistencia indígena”. En ese evento, después de amplias discusiones de tierra, territorio, sobre los recursos naturales, las reivindicaciones sociales y estructurales, no solo para los pueblos indígenas, pero para Latinoamérica y todos los movimientos sociales. Esos debates, como alguien decía en ese momento, “como pasar de la resistencia a la toma del poder”. En algunas sesiones debatíamos de ¿que es tierra?, ¿que es territorio?, ¿si somos indios?, ¿si somos indígenas?, ¿si somos originarios? Y después de eso, en muchos eventos, en muchos conferencias y congresos y encuentros por la solidaridad, por la autodeterminación de los pueblos. ¿Que quiere decir eso?, hermanas y hermanos del Ecuador, hermanos de la CONAIE, de ECUARUNARI. Que ustedes me han enseñado para entender más la situación de nuestros pueblos. Por eso estoy junto a ustedes. Revisando nuestra historia de mas de 500 años de esclavitud, de exclusión, de marginalización.
En Bolivia a nuestros abuelos no les permitieron que caminaran en las aceras. No tenían derecho a entrar en las ciudades importantes. Nuestras compañeras, con sus vestimentas, no tenían derecho a estar en los centros de las ciudades. Desde hace poco, quienes tenían sombrero no tenían derecho a entrar en bancas privadas. Y si hablamos del movimiento indígena u originario, la lucha de ese movimiento históricamente condenado al exterminio. Yo siento que hemos resistido, hemos despertado. Siempre hemos estado despiertos. Si nuestros abuelos estaban despiertos para defender nuestro territorio y por eso ha habido tantos lideres quechuas y aymaras. Ahora cuando tratamos de recuperar nuestras tierras, los transnacionales nos dicen que no son nuestras tierras. Pero nosotros sabemos que es así. Porque por 500 años nos han saqueado nuestros recursos naturales.
Cuando hablan de tierras vacías, nunca en la historia de América Latina ha habido tierras vacías. Esas tierras tenían sus dueños milenariamente. La lucha por la tierra y los territorios, la lucha por la madre tierra que nos da la vida, nos obligó a despertar a movilizarnos y especialmente a unirnos. Los llamados a los cocaleros, lamentablemente en esa etapa criminalizaron la coca, cuando los españoles han sido los primeros en cultivar y plantar coca para enriquecerse en la etapa de la colonia. En la época de la republica, los estados Unidos fomentando la coca, incentivando el cultivo de la coca. Ya ahora la coca es cocaína para ellos. Y esas acusaciones en mi región, nos teníamos que unirnos porque la hoja de coca no es cocaína. Por tanto la productor de la hoja de la coca no es narcotraficante, menos el consumidor de la hoja de la coca no se puede considerar narcodependiente. Es un recurso natural y me enseñó entender sobre nuestra identidad, sobre nuestra dignidad y nuestra soberanía. El movimiento nace de los campesinos aymaras y quechas de Bolivia y de profesionales que sienten por su país, por su patria. Intelectuales, estudiantes, solidariamente, también apoyándonos, hemos empezado de construir un movimiento independiente. Ese movimiento político es un movimiento por la hoja de la coca y por las tierras.
De una lucha sindical,de una lucha comunal, hemos pasado a una lucha electoral. Después de tantas marchas, paros, en 1995 el movimiento - con todas sus bases de quechuas y aymaras - decidimos pasar de una lucha sindical a una lucha electoral. Pasar al poder de los pueblos que históricamente han sido maltratados. Yo mismo todavía no podía creer el avance de la marcha. Todavía dudaba que mucha gente de las ciudades pudiera unirse a esa lucha política. Pero cuando expresamos no solamente los intereses del movimiento indígena pero también las preocupaciones y los problemas de la gente de la ciudad, la falta de empleo, eso nos ha unido. Estamos viendo que profesores de la universidad, estudiantes, escritores, nuestros músicos, nuestras artistas, se sumaban al movimiento político, ¿y porque? Se habían dado cuenta que el movimiento político de América, como decían nuestros abuelos y abuelas en Bolivia, “el movimiento indígena es la reserva moral de la humanidad”. ¿Y porque la reserva moral? Ustedes saben que nuestros abuelos nos dejaron una ley, un principio que es “ama killa, ama llulla, ama shua”. Desde joven entendí esa trilogía de nuestros antepasados, “no robar, no mentir y no ser ocioso”. Ustedes saben, el pueblo ecuatoriano sabe, el mundo sabe, que no tuvo la oportunidad de llegar a la universidad como muchos de nuestros hermanos no tienen la oportunidad. ¿Y qué es lo que me llegó a la presidencia? Me llegó la honestidad. En la cultura aymara y guaraní es un delito robar. Y llegar a ser líder en nuestra comunidad es servir al pueblo. Ser autoridad de nuestra comunidad, en nuestros ayllos, es servicio a nuestra comunidad. Mientras en la cultura occidental ser líder es vivir del pueblo, servirse del pueblo, hasta robando. Son profundas diferencias culturales e ideológicas de la cultura occidental y esa forma de entender y poner en práctica nuestros conocimientos, nuestra convivencia, nuestra sinceridad, nuestra transparencia ha sido importante. Pero sobre todo, compañeras y compañeros, la unidad.
Hay diferencias y tiene que haber diferencias para discutir, pero no por intereses de un grupo que quisiera seguir dividiéndonos y saciando nuestros recursos naturales. Estoy convencido, hermanas y hermanos presentes acá, del campo y la ciudad, que es importante la unidad y la firmeza. Valentía y rebeldía contra nuestros enemigos históricos. Sigue presente el colonialismo interno y externo. Y estamos apostando en este momento, para acabar con eso. Después de las luchas libertarias y mucho más antes la lucha de libertad y de independencia de la cabeza de los indígenas, pero también de la participación de algunas familias criollos y mestizos. Después que se derroto con los españoles, los mismos criollos crearon Bolivia. En esa región 92 por ciento eran indígenas originarias. Quienes lo fundaron el país eran solo un 8 por ciento. Y de esa lucha por la independencia, en Sucre y en La Paz, en las fotos no hay ni un quechua o aymara. Nos han importado estructuras del estado modelos desde Europa, modelos económicos de saqueo y de explotación. Después de mucho tiempo hemos dicho que tenemos que refundar a Bolivia, pero no solo para cambiar las estructuras, pero para recuperar la lucha por el territorio y la lucha por los recursos naturales. Todos. No pueden ser privatizados, menos concesionados. Quienes van a defender esos recursos solo van a ser los dueños absolutos de esta tierra, y los dueños absolutos, milenariamente, son los pueblos originarios indígenas. Nos toca con ese gobierno recuperar y mandar la nacionalización de los recursos. Algunos presidentes tenían mucho miedo de garantizar la asamblea constituyente. Porque la asamblea constituyente en Bolivia si va a acabar con la privatización de los recursos naturales. Cuando luchamos por nuestra liberación, por nuestra autodeterminación, pues primero veo que es importante recuperar, nacionalizar o liberar los recursos naturales. No va a haber una verdadera liberación de nuestros pueblos si no nacionalizamos todos nuestros recursos naturales.
¿Para qué serviría Evo presidente, un aymara presidente de Bolivia, si no recuperamos nuestros territorios para nuestro pueblo? Por tanto tenemos una enorme responsabilidad, no solamente en una nación o región, pero por el movimiento latinoamericano. Una responsabilidad para todos los pueblos de Latinoamérica. |