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Cuzco, 16 de julio del 2006
Pidiendo el permiso a la naturaleza, a los mayores, a los líderes que abrieron el camino, empezó el segundo día del Congreso de la Coordinadora Andina de organizaciones Indígenas.
Son las 6h00 y el sol abraza a todos los hermanos provenientes de los 4 suyus. Uno tras otro empezaron aparecer los rostros, los bastones de mando, en fin, y se escucha las frases como wawkey, ñañay, paninchu, mashi hasta que ya a las 9h00, en el Paraninfo Universitario de la UNSAAC, retumba un ¡jalalla! … inmediatamente la ceremonia ritual que en minutos el escenario de la mesa directivos soporta una larga cola para compartir la milenaria coca que es infaltable en estos eventos.
La agenda es para tratar Oportunidades y Desafíos para las Nacionalidades y Pueblos Indígenas y el turno para Rodrigo Montoya Rojas (Perú).
Por qué la suerte de los pueblos indígenas de Perú no es lo mismo que en Ecuador o Bolivia, es la pregunta con la que inicia.
La presencia o ausencia de intelectuales en cada uno de los procesos es parte de la explicación. En el caso de Perú, el trabajo desplegado por José Gabriel Condorcangui, en 1780, que gestó el inicio de la revolución se ha quedado trunco, reflexiona, porque la muerte de miles de hermanos y donde prohibieron leer a Gracilazo de la Vega, el gran imperio inca, así han cortado la continuidad y han querido borrar nuestra memoria.
La situación indígena en el Ecuador es diferente porque allí paulatinamente aparecieron nuevos intelectuales, pero que éstos hablan kichwa, se visten y sienten lo que es ser indígena, la misma suerte vivió Bolivia, continúa.
Ubiquémonos entre 1980 y 2000. En los 20 años tanto Ecuador como Bolivia han avanzado fortaleciendo su organización interna, pero en el caso peruano, en estos años no hubo posibilidad debido a una situación de un terrorismo de Estado, de guerra, donde de cada 10 muertos 7 eran indígenas. La conclusión que hoy se puede ver es que, terminado esa fase, avanza la organización indígena en el Perú y tenemos esta suerte de encontrarnos con todos aquí, manifiesta.
En el contexto de Parú y particularmente a CONACAMI, se permite realizar algunas sugerencias para encaminar un trabajo de unidad de pueblos indígenas de manera progresiva:
1.- Que las esperanzas que abre la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, sea llevada a la práctica, orientando, guiando el caminar hacia la unidad de los pueblos indígenas de Sudamérica, trabajo que la CONACAMI, no puede perder de vista.
2.- Construir una organización de carácter diverso, sustentado desde las bases, es decir, desde la inmensa riqueza de cada uno de sus organizaciones que lo componen.
3.- Construir nuevas relaciones sociales con un poder nuevo y diferente, donde podamos tener el poder, pero aclarándo qué significa ese poder, que como pedagógicamente el Sub-Comandante Marcos, no es la puja por tener o llegar a la “silla”, y que una vez obtenido, no facilita ningún cambio. Entonces, amerita pensar si tenemos que cortar las patas de la silla, o requerimos algún otro elemento, que este mueble simbólico.
4.- No caer nunca en la tentación del “poder” y que ésta organización se maneje independiente con el poder que corrompe. Con el poder hay dinero, viajes y donde determinadas personas sienten felices a costa del hambre de la mayoría. Para muestra revisemos, qué ganó el pueblo indígena en tiempos de Toledo, gobierno que invitó a ciertos líderes a todo lado? definitivamente, nada. Por lo tanto los dirigentes hoy tienen que decir no a esas tentaciones.
5.- Incluir a las asociaciones de migrantes que son miles y que están en las grandes ciudades. Estos son potenciales sujetos políticos. En esos espacios se cantan y se ríen en kichwa, pero no se hace política desde los pueblos indígenas, mientras que los partidos políticos corruptos se han apoderado. Hay miles de personas como los maestros y maestras de educación intercultural bilingüe que tampoco están inmersos.
6.- Los dirigentes que vayan apareciendo deben poner en la práctica que el kichwa o la lengua indígena sea el primero. Los discursos, las conferencias no sean en idiomas extranjeros.
7.- Despolitizar y no dejarse atrapar por las ONGs. Pensar que los grandes proyectos políticos se hicieron con grandes esfuerzos, sin recursos económicos. Fijemos una meta que de aquí a 10 años vengan nuevos líderes conformados por jóvenes, rostros y apellidos nuevos, donde las caras andinas y amazónicas sean los que ocupen estos sitios y que luchen desde su realidad.
8.- Tenemos que ver quienes van a ser nuestros aliados, donde reflexionemos si los militares, por ejemplo, no llevará a buen camino. Hay que ir construyendo nuestra propia alianza, hay que buscarlas, ganarselas y consolidar nuevos corazones que constituyan en equipos de trabajo para el cambio cargado de esperanzas de vida para nuestro pueblo.
José Atupaña
Red Kichwa Ecuador
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