Verdades, medias verdades y
falsedades del TLC
Doce puntos para el debate
Alberto Acosta
21 de marzo del 2006
“A veces me pregunto si el mundo está siendo gobernado por personas
inteligentes que nos están embromando o por imbéciles que hablan en serio”.
Mark Twain
La discusión sobre el TLC está en un punto crítico. De
la postura entreguista y simplona adoptada por el gobierno Lucio Gutiérrez, que
se sintetizaba en que “la única alternativa al TLC es el TLC”, se ha
desembocado en una posición de creciente autoritarismo. Mientras se protege y
alienta las manifestaciones a favor del TLC, impulsada por los empresarios y
SUS trabajadores, la represión se ensaña en contra de quienes se movilizan en
contra del TLC.
En este ambiente, a pesar de que las negociaciones
están próximas a cumplir dos años de su inicio, todavía faltan informaciones
sobre lo que se está negociando. Esto, sin embargo, no es un motivo para
aceptar aquella argumentación de que si no está terminada la negociación, no
hay aún elementos para adoptar una posición. A pesar de la cláusula de
confidencialidad impuesta por los EEUU al inicio de las negociaciones y de que
no ha sido entregada la documentación sobre los avances logrados en estos
largos meses de negociación, hay suficientes datos como para anticipar de qué
se trata el TLC. Incluso para puntualizar sus principales elementos críticos.
Basta conocer los TLC suscritos hasta ahora (los de Perú y Colombia, para no ir
más lejos, están a la mano) e incluso estudiar los pronunciamientos y documentos
existentes en relación a la negociación de Ecuador para poder pronunciarse al
respecto. Además, no es mucho lo que se negocia: el propio ministro de Comercio
Exterior de Colombia, Jorge Humberto Botero, reconoció, a poco de concluida la
negociación de su país, que lo que realmente se negocia es un 15 por ciento,
que el resto ya viene dado por la fuerza de los convenios anteriores….
En estas condiciones, cuando la campaña de
desinformación y amenazas está a la orden día, cuando la ignorancia y al audacia
predominan, es preciso hacer una síntesis crítica de los puntos más
controvertidos del proceso.[1]
Hay que descubrir las verdades, medias verdades y las falsedades del TLC. En
esa línea se inscribe este documento, escrito para alentar la discusión democrática.
1. “El TLC es más que un
tratado comercial”
Si, efectivamente se trata de tratado comercial. Sin
embargo, lo comercial no agota el tratado. Hay una serie de temas que supera
largamente ese ámbito. Este es un tratado comercial de nuevo tipo, no comparable
con los tratados de integración andina[2],
ni con el TLC suscrito con el Mercado Común del Cono Sur (MERCOSUR)[3].
En definitiva es una propuesta que se asemeja mucho más a una suerte de
constitución económica -impuesta por Washington-, que a un simple acuerdo
comercial.
Hay que conocer que con el TLC se quiere introducir
una serie de reformas y ajustes para instrumentalizar un determinado modelo
económico. Por eso mismo es preciso destacar otros puntos fundamentales del
TLC, sobre los cuales se habla poco y comenta menos. Sin pretender presentar
toda la gama de temas envueltos en las 18 mesas de negociación del TLC, vale la
pena destacar los siguientes aspectos:
·
Tratamiento
preferencial para las inversiones norteamericanas.
·
Reducción
de los márgenes de acción de la política económica.
·
La
posibilidad para que los servicios públicos puedan ser privatizados.
·
Ampliación
de beneficios a las empresas farmacéuticas norteamericanas.
·
Limitación
de la capacidad de gestión de los gobiernos seccionales.
·
Movilidad
del capital y mercancías, sin flexibilización de la política inmigratoria de EEUU.
En síntesis, los derechos de las personas jurídicas y
sus propietarios tienen más jerarquía que los derechos de los seres humanos. El
TLC, como veremos a continuación, se inscribe en la lógica exacerbada del
sistema capitalista, la neoliberal, que encuentra en Washington, en términos
amplios, uno de sus principales centros de expansión transnacional.
2. “Con el TLC se accede al
mercado más grande el mundo”
Es innegable que los EEUU representan en la actualidad
la economía más poderosa del planeta y que tienen el mercado con la mayor
capacidad adquisitiva en el mundo. Frente a lo cual el Ecuador representa una
de las economías más pequeñas de toda América del Sur.
Para el Ecuador los EEUU representan mucho, para los
EEUU el Ecuador, en términos comerciales, representa muy poco. Así, mientras
Ecuador coloca en el mercado norteamericano más del 40% de sus exportaciones,
EEUU coloca en Ecuador apenas el 0,16% de sus exportaciones; en término de
importaciones la relación es inversa: mientras las importaciones desde los EEUU
representan el 23% de nuestras compras en el exterior, las importaciones
norteamericanos de productos ecuatorianos apenas significan un 0,20% de todas
las compras que realiza la gran nación del norte.
Otro punto importante. No es que recién con el TLC se
va a abrir la economía ecuatoriana. No es que con el TLC recién vamos a
ingresar al mercado de los EEUU y que sólo entonces los casi 300 millones de
estadounidenses van a poder comprar los productos ecuatorianos o que sólo
entonces van a venir inversiones norteamericanas. La relación comercial y
financiera entre los dos países es de larga data.
Además, los productos ecuatorianos ya ingresan al
mercado norteamericano. Muchos de ellos sin arancel alguno. Aquí cabe mencionar
al petróleo, banano, café, cacao, entre otros productos que tradicionalmente
vende Ecuador en los EEUU. Eso si, en algunos de estos productos los niveles de
productividad son bajísimos, por ejemplo en el banano el Ecuador tienen niveles
inferiores a los de los países centroamericanos, en el caso del café y el cacao
la productividad es similar a la que se tenía hace un siglo...
Es más, con el Tratado de Preferencias Arancelarias
Andinas y Erradicación de
A más del bajo nivel de competitividad de la economía
ecuatoriana, que representa un real lastre para una relación con los EEUU, hay
que resaltar la inexistencia de un trato equitativo, ni siquiera igualitario.
El más fuerte, los EEUU se asegura una serie de beneficios incluso en las
negociaciones del TLC que aumenta los niveles de asimetría existentes.
Recuérdese que los EEUU impusieron la eliminación de las bandas de fijación de
precios con las que protegían de alguna manera los países andinos a sus
productores agropecuarios, sin que los EEUU eliminen los multimillonarios
subsidios a sus agricultores, que en el campo agrícola representan un valor
anual de 26 mil dólares por agricultor. A esto habría que añadir otros
mecanismos de protección como controles fitosanitarios, normas de origen y la
misma ley anti dumping.[4]
Este país ha aplicado en las últimas décadas una
política comercial que combina el proteccionismo en los sectores en los que ha
perdido competitividad, con la promoción en el resto del mundo del libre
comercio para sus productos, en particular en los sectores en que son competitivos.
La economía más grande del mundo, que tiene el mayor potencial industrial, vía
TLC, se asegura el ingreso de sus productos agrícolas subsidiados en los
mercados latinoamericanos, Ecuador incluido. La producción agraria norteamericana y en
general su aparato productivo no sólo que se benefician de una serie de
subsidios, sino que gozan de un entorno macroeconómico casi insuperable: bajas
tasas de interés, fácil acceso al crédito, asesoría técnica, desarrollo
tecnológico propio, infraestructura de primera: carreteras y caminos vecinales,
silos, puertos, aeropuertos, etc. Por eso no es equivocado decir que Goliat
enfrenta a David, asegurándose de antemano que el pequeño no tenga acceso a la
honda o catapulta…
Los EEUU, con sus subsidios a la agricultura, aseguran
la alimentación de su población como una cuestión de “seguridad nacional”, como
afirmó Jorge Bush II.[5]
Esta posición del mismísimo presidente norteamericano contradice aquellas
visiones miopes o interesadas, que alientan importaciones y exportaciones sin
hacer ninguna reflexión más compleja del tema agrario y menos aún alimentario. No
entienden el significado económico, social y cultural de las economías de
autoconsumo campesinas. Su mundo es el negocio, no la vida…
La asimetría de las negociaciones es inocultable,
tanto como el simplismo de los países andinos que se sentaron en la mesa a
negociar con los EEUU sin tener al menos una propuesta subregional común.
Aplicando la vieja norma imperial de “divide y vencerás” los EEUU están
consiguiendo su cometido: armar el Acuerdo Libre Comercio de las Américas (ALCA),
propuesto en 1994 y que encontró dificultades en su camino de cristalización
multilatereal, en base a acuerdos bilaterales en los que van imponiendo
condiciones incluso no consideradas en
Washington, adicionalmente, cuando le ha convenido y
al margen de cualquier acuerdo suscrito, ha recurrido también al uso de las
restricciones “voluntarias” a las exportaciones; a la acusación de dumping, definido por su gobierno de
manera arbitraria; a la imposición de cuotas; y a una variedad de instrumentos
legales proteccionistas. El uso y abuso de estas leyes implica beneficios para
unos y perjuicios para otros, en función de los intereses estadounidenses. Este
neoproteccionismo, sustentado sobre todo en medidas no arancelarias, en muchos
casos rebasa el efecto de los anteriores aranceles. Y tampoco faltan
salvaguardias arancelarias como las aplicadas en el año 2002 al acero por parte
del régimen de George Bush II.
En esta línea de reflexión no debería sorprender que
en unos años, cuando los EEUU hayan resuelto sus disputas comerciales con las
otras potencias proteccionistas: Europa y Japón, cuando los subsidios para el
arroz, la papa, el maíz, los pollos… ya no les sean más necesarios, comiencen a
subir los precios con el fin de cubrir los costos de producción y hacer
atractivas ganancias en mercados cautivos.
Ecuador tiene a la mano el ejemplo del trigo
norteamericano, que a medidos del siglo pasado entró inicialmente como una
donación hasta conseguir, poco a poco, desplazar a la producción nacional.[6]
Al finalizar los años cincuenta entró en la escena
Con este Convenio de Excedentes Agrícolas, que se fue
renovando en los años subsiguientes, se estableció el canal para que el Ecuador
comprara algodón, tabaco, aceite de semilla de algodón, aceite de soja y, sobre
todo, trigo. Años después, la importación de estos productos ya comenzó a
cobrarse en divisas y a términos comerciales normales, pero el Ecuador, entre
tanto, aumentó su dependencia de la importación de trigo, al tiempo que fue
dejando de lado posibles productos sustitutivos o alternativos, y no desarrolló
su producción triguera, que no resultaba competitiva frente al producto
importado. Si hace 35 años importábamos el 45% del consumo nacional, hoy se
importa el 98% desde los EEUU. Finalmente, a raíz del nuevo empuje
fondomonetarista impulsado desde 1982, en 1988 se suprimió definitivamente el
subsidio al trigo y, por lo tanto, a la harina y sus derivados.
Una situación similar se vive con las ayudas
alimentarias al inicio del tercer milenio, cuando en el Ecuador con el ingreso
de una soja transgénica, que con el argumento de satisfacer necesidades
alimenticias de los sectores más desprotegidos, se debilita aún más a los
pequeños y medianos propietarios del agro, al tiempo que se afecta la seguridad
alimentaria del país.
De lo anterior se desprende que la ventaja de los
consumidores al consumir productos más baratos puede transformarse en la trampa
que terminará por minar la bases de la economía campesina y de la soberanía
alimentaria, aumentando la dependencia del país con los EEUU.
El TLC, para que no quepa la más mínima duda,
sintetiza la pretensión de Washington -expuesta por Colin Powel, cuando era Secretario
de Estado- para “garantizar para las empresas norteamericanas, el control del
territorio que va desde el polo Ártico hasta
3. “Sin el TLC Ecuador se
margina del mercado mundial”
Esta es una de las mentiras más difundidas. Varias
personas, haciendo gala de su ignorancia o de su afición al “terrorismo
económico” pintan un panorama dantesco si no se firma el TLC. Ven graves “amenazas
a la estabilidad económica y social”.
Las grandes cámaras de la producción de Quito, por
ejemplo, afirmaron, en remetidos de página entera en todos los periódicos
grandes, el 22 de septiembre del 2004, que la no firma del TLC “significaría un
terrible golpe para la economía”. Incluso cuantificaron una pérdida - sin
ruborizarse por tamaña mentira- de “3.500 millones de dólares provenientes de
las exportaciones, con los que se pondría en riesgo el empleo directo de 300
mil ecuatorianos, se produciría un decremento del 20% del PIB…”, entre otras
plagas.
Recientemente, Roberto Illingworth, ministro de
Comercio Exterior, quien acusó de aliados de Ben Laden a quienes se oponen al
TLC, aseveró ante la reciente ola de protestas -sin explicar cómo llega a esa
cifra- que se perderían 600 mil puestos de trabajo si no se firma dicho
Tratado. Y, muy suelto de huesos, amenazó al sector agrícola con la peor crisis
de su historia.
La ignorancia no está en juego, definitivamente. Estas
intimidaciones forman parte del instrumental terrorista al que recurren muchos
defensores del TLC, incapaces de demostrar las ventajas que dizque traería el
Tratado.
Para desvirtuar dicha desfachatez, basta señalar que la
no firma del TLC coincidiría con la anunciada terminación del Acuerdo de
Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de Drogas (APTDEA), que
garantiza una serie de preferencias a varios productos ecuatorianos que
ingresan al mercado de los EEUU. En la actualidad sin TLC, e incluso sin las
ATPDEA, vende una gran cantidad de productos en los EEUU sin pagar aranceles.
Como muestra téngase en mente la venta de petróleo (que representó en el 2005
casi el 64% de las exportaciones globales de Ecuador a los EEUU), banano, café,
cacao, entre muchos otros, entre otros productos que tradicionalmente vende
Ecuador en los EEUU, el principal mercado ecuatoriano. Y, por cierto, la
vigencia de las ATPDEA, desde hace unos 15 años, no abrió la puerta a la
diversificación sostenida y profunda de las exportaciones ecuatorianas.
4. “Sin las preferencias
arancelarias andinas los productos ecuatorianos pierden competitividad”
Esto no deja de cierto, a primera vista. Sin embargo
aquí habría que aclarar el alcance real de las ATPDEA para ver si se trata o no
de un problema insalvable. El beneficio de dichas preferencias para el Ecuador
debe bordear en la actualidad los 30 (treinta) millones de dólares. Ese valor,
a todas luces, no debería ser motivo para una mayor preocupación. En un país
como Ecuador, con un Presupuesto General del Estado de más de 8.500 millones de
dólares ese monto de 30 millones es totalmente marginal.
¿Cómo se llega esa cifra? Tomando cifras de documentos
oficiales, utilizados por
Entonces, si se creería que es conveniente apoyar a dichas
empresas, la salida es muy simple: el establecimiento de un fondo que ayude a
recuperar la competitividad pérdida por esta causa (Se les podría ayudar a
través de subsidios directos o indirectos, buscando aquellas opciones que no
provoquen respuestas contrarias de los EEUU… Por ejemplo se podría dotarles de
adecuada infraestructura de riego, de un servicio de electricidad más barato,
de un apoyo para constituir una empresa de transporte aéreo propia, de líneas
de crédito preferencial en
Incluso si se llegará a producir tan “tremenda”
pérdida de las ATPDEA el país podría empezar una negociación por separado con
los mismos EEUU para conseguir la ampliación de dichas preferencias, otorgadas
por nuestro aporte en la lucha contra el narcotráfico. Poniéndose en un plano
de cochino pragmatismo (para estar a tono con muchos de los negociadores del
TLC, concientes que la dignidad y la soberanía no tienen precio), el Ecuador
tendría justificación para cerrar la base yanqui de Manta, cuya
(inconstitucional) entrega se justificó como aporte ecuatoriano en la lucha
contra el narcotráfico. Y por cierto, aún en este escenario perverso en donde
lo monetario prima, el país no tendría por qué seguir haciendo el juego a
Washington con la expansión bélica del Plan Colombia hacia nuestro territorio,
una complicidad que tiene ya un elevado costo económico con la creciente
movilización de tropas a su frontera norte.
5. “Sin TLC el Ecuador
sería invadido de productos desde los países vecinos”
La conclusión de las negociaciones del TLC por parte
de Colombia agravó el síndrome del aislamiento y del atraso existente en Ecuador.
Cuando Perú anunció que había cerrado dicha negociación a fines del 2005, algo
que fue cierto recién varias semanas después, determinados personajes
aumentaron sus quejas por el temor a quedar rezagados o, peor aún, aislados.
Ahora, en su angustia, desatan una campaña de miedos y mentiras.
Sin el TLC Ecuador no se aísla de la economía mundial.
Es también absolutamente falso, que se margina del mercado norteamericano. Ya
se ha demostrado que hasta la pérdida de las ATPDEA tendría un costo marginal. Tampoco
se sostienen aquellos argumentos que se esgrimen indicando que los países
vecinos con el TLC van a mejorar su competitividad porque podrán importar
insumos o bienes de capital más baratos y que eso no lograríamos sin el TLC. La
verdad es que, si fuera necesario, sin TLC se podría reducir los aranceles de
aquellos insumos y bienes de capital que se considere pertinente, por ejemplo,
para alentar la producción agrícola (además se requiere romper el monopolio de
los importadores de insumos y abonos agrícolas). Lo mismo valdría para permitir
el ingreso de bancos extranjeros o para introducir códigos de conducta
transparentes en el sistema financiero. Incluso, utilizando un ejemplo simplón
pensando en quienes sueñan con comprar autos más baratos, si se quisiera bajar
el monto de los gravámenes a la importación de automóviles para abaratarlos en
el mercado doméstico, favoreciendo a esos consumidores, se lo podría hacer
ahora, sin necesidad de firmar el TLC.
¡La reducción de aranceles es una decisión soberana que
no requiere para nada un TLC!
El contrabando de productos agrícolas estadounidenses
desde los países vecinos también es utilizado para asustar a los incautos: con
el TLC, esos productos, como el arroz y las papas por ejemplo, entrarán de
todas formas en nuestro mercado; mientras que sin el TLC tendríamos la
posibilidad de impedirlo. Tarea difícil, pero no imposible.
6. “El TLC ayudará al país
a introducir las reformas que hacen falta para lograr el desarrollo”
Esta afirmación se utiliza para presentar al TLC como la
llave que abrirá la puerta a una serie de reformas en la sociedad y economía
ecuatorianas. La lista es larga. Por ejemplo se menciona la prohibición del
trabajo infantil o la mejora de las aduanas. Este argumento no sólo que es
falso, sino que resulta peregrino. Sólo mentes acostumbradas a avanzar
blandiendo el látigo, actitud tan propia de oligarquías terratenientes y de
gamonales, pueden recurrir a estos argumentos que terminan por debilitar la
soberanía nacional y la misma democracia. Recuérdese que de forma similar se
procedió cuando se impuso la dolarización... Y no solamente eso, sino que las
reformas que se adoptaron por la dolarización, bajo el supuesto de esa es la
única forma para que el Ecuador se ponga del lado de los “buenos, serios y
pragmáticos”, lo que han provocado más pobreza y desigualdad, paliadas en parte
por las remesas de los y las emigrantes.
Es preciso recordar que el TLC está pensado también
para introducir las reformas neoliberales. Robert B. Zoellick, secretario de
Comercio de los EEUU, quien lideró el equipo negociador de ese país durante más
de la primera mitad de las rondas, reconoció con claridad que “los tratados comerciales pueden ser más
útiles que el FMI para conseguir que los países en desarrollo hagan reformas”. Esta
aseveración permite comprender el alcance del TLC. Más allá de asegurarse
ventajas comerciales y los recursos naturales de los países andinos, el TLC
apunta a la consolidación del neoliberalismo en la región.
Sin perder de vista la complejidad de la política
global desplegada por Estados Unidos y, por cierto, las cambiantes condiciones
vinculadas a la globalización del sistema capitalista, hay que reconocer que
desde hace más de dos décadas se han aplicado políticas de ajuste estructural
en América Latina, con diversos grados de intensidad y coherencia. Esta región,
sobre todo desde los años ochenta, y más aún en los noventa en el siglo XX ha
estado fuertemente condicionada por las profundas reformas económicas aplicadas
en el marco de los programas de ajuste estructural del FMI y del Banco Mundial,
que postularon entre sus metas principales la apertura comercial, la
liberalización financiera y la reforma minimizadora del Estado, incluyendo la
privatización de empresas públicas y la creciente
protección a las inversiones extranjeras.
Como consecuencia de tanta apertura y liberalización,
las influencias externas son cada vez más notorias en la región. Y esta pérdida
de capacidad para accionar y reaccionar frente a los vaivenes en el mercado
mundial, que -vale la pena insistir- se refleja en una inserción pasiva y hasta
ingenua en el mercado mundial, ha abonado el terreno para el TLC. Así, en varios
puntos en el campo del comercio, vía apertura comercial, el espíritu del TLC es
una realidad aún antes de que se suscriba dicho acuerdo. En el campo de la
protección de las inversiones extranjeras, las propuestas del TLC pueden ser ya
apreciadas a plenitud en los tratados recíprocos de protección a las
inversiones extranjeras, que en el caso con los EEUU concluye en el 2007: con
la no firma del TLC se podría concluir en breve con este trato discriminatorio
a los empresarios ecuatorianos en el Ecuador.
7. “El TLC hará crecer la
economía”
En contra de las declaraciones gubernamentales de que
con el TLC crecerá la economía, incluso con estudios oficiales se puede
demostrar que los resultados en este campo son insuficientes.
Sin embargo, como consecuencia de la desgravación
arancelaria para productos provenientes de EEUU, el mismo Banco Central calcula
un costo fiscal de 163 millones de dólares. Esto significa que la reducción de
los aranceles dejará un bache fiscal que habrá que cerrarlo de alguna forma, por
ejemplo a través de un incremento del IVA o la eliminación del subsidio al gas
doméstico o el alza del precio de la gasolina o con una mayor reducción de la
inversión social.
En este punto es bueno destacar algunos aspectos
puntuales:
1.
Medicinas. Los datos que
proporciona el estudio de CORDES -aquel organismo del ex-presidente Oswaldo
Hurtado Larrea, uno de los mayores portaestandartes en Ecuador de la ideología
del Consenso de Washington- sobre el impacto del TLC en las medicinas tampoco
dejan de ser preocupantes. Según este informe, solicitado por el equipo
negociador del TLC, las pretensiones estadounidenses -como sería aceptar
segundos usos para ampliar la patente de las medicinas- eliminarían o
retardarían el aparecimiento de nuevos competidores. Y esta reducción de la
libre competencia -a eso también apunta este acuerdo de “libre” comercio- se
traduciría en un incremento de los precios del 186%, con la consiguiente caída
de la demanda en las medicinas de 77%. Incluso un incremento de un 1% ya sería
motivo suficiente para la disconformidad.
La situación en temas de prop